martes, 6 de febrero de 2018

La historia de la mujer que hizo una licenciatura a los 87 años

Benita Socorro Calderón Ibarra es una mujer de 87 años, y a diferencia de lo que hacen las personas de su edad, ella decidió continuar con sus estudios.


Después de 14 años, logró titularse en la carrera de Ciencias Sociales en la UACM. Se sentía tranquila pues no le pedían ni promedio, ni edad.

Trabajó durante 40 años como bibliotecaria de la UNAM y afirma que, siempre tuvo un encanto especial por las novelas que hablaban de sociedades conflictivas, hasta que comenzó a preguntarse cómo era realmente la sociedad en la que vivimos.


Fue a partir de eso, y gracias al impulso de su hijo, que decidió jubilarse del trabajo y retomar lo que realmente la hacía feliz, el estudio.

Además de culminar con un gran logro personal, impulso a sus compañeros menores para seguir estudiando, con el mismo amor y compromiso, que ella siente por el aprendizaje.


Su próxima menta es realizar una maestría, pues el conocimiento seguirá enriqueciéndola toda su vida.

“La carrera no es para que te tengas dinero, sino para aprender a dar todo lo que tengas como ser humano, a esta sociedad que está bastante mal. “ dijo la licenciada a los medios.

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Venezuela: el brutal testimonio de una víctima de violación y tortura

Linda Loaiza López, fue secuestrada en 2001 a los 18 años. Este martes declaró su calvario ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Venezuela: el brutal testimonio de una víctima de violación y tortura

Una mujer venezolana relató este martes a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) atroces violaciones y torturas que sufrió durante cuatro meses de secuestro, y le pidió responsabilizar al Estado de su país por la falta de justicia en su caso.

En una audiencia en San José de Costa Rica, Linda Loaiza López, secuestrada en marzo de 2001 a los 18 años de edad, narró con voz quebrantada la violencia que sufrió durante cuatro meses, y el calvario que pasó ante la justicia venezolana cuando intentó que se castigara a su agresor.


La joven venezolana Linda Loaiza López, torturada, mutilada, violada y agredida durante un secuestro de cuatro meses./ EFE

Durante su cautiverio a manos de Luis Carrera Almonia, hijo de un académico y entonces rector de la Universidad Nacional Abierta, López sufrió triple fractura de mandíbula, fracturas de nariz, requirió reconstrucción de los pabellones de las ojeras, tratamiento de ortodoncia, reconstrucción vaginal y atención psicológica y psiquiátrica.

La tuvieron que operar más de 15 veces y estuvo hospitalizada durante un año para las reconstrucciones en su rostro.

"Durante mi cautiverio fui sometida a violencia sexual, amenazas, torturas, de forma sistemática durante cuatro meses. Sufrí violaciones diariamente, fui agredida con las manos, con palos, me tenía amordazada y esposada. El agresor apagaba cigarros en mi rostro", relató Loaiza al tribunal con sede en San José.

Médicos que actuaron como testigos de la acusación, dijeron que no habían tratado lesiones similares ni siquiera en víctimas de accidentes de tránsito.

Loaiza pidió a la CIDH "que el Estado venezolano sea declarado responsable por violación, tortura, por todas las violaciones de derechos humanos que sufrí, y que siguen sufriendo las mujeres en Venezuela".

Linda Loaiza López habla durante una entrevista con Efe en San José (Costa Rica)./ EFE

Los agentes del Estado venezolano en la audiencia se abstuvieron de interrogar a López, y en su lugar expresaron su solidaridad con la víctima por la violencia sufrida.

"El día de mi rescate el agresor me vio totalmente desvalida, sin fuerzas, sin animo, y ese día antes de salir fue el único día que no me amarró. Quedé ahí tirada, ensangrentada, violada, torturada entonces saqué todo lo que tenía, le pedí a Dios mucha fuerza y pude arrastrarme y rodar para llegar a un ventanal y pedir auxilio", dijo Loaiza, quien ahora tiene 35 años.

Francisco Eguiguren, presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señaló que el Estado venezolano es responsable de la falta de diligencia en sancionar "adecuada y proporcionalmente la extrema violencia de la que fue objeto" López.

La CIDH, con sede en Washington y que actúa como una suerte de fiscalía, había enviado el caso a la corte en 2016.


La joven venezolana Linda Loaiza López, torturada, mutilada, violada y agredida durante un secuestro de cuatro meses, posa durante una entrevista con Efe./ EFE

La víctima relató a los jueces el calvario que vivió ante la justicia venezolana, con una fiscalía que se negó a atender su casoporque el agresor era hijo de una persona con influencia política.

"Es el hijo del rector de la Universidad Nacional Abierta. En ese momento, él estaba relacionado a un grupo de familias de intelectuales y escritores y todo el sistema se orquestó para que la impunidad estuviera allí", relató Loaiza.

Contó que a pesar de tener todas las pruebas delante del tribunal, el agresor fue absuelto en primera instancia en 2004.

En segunda instancia, seis años después, fue condenado por privación de libertad y lesiones corporales, pero fue absuelto por violación e intento de asesinato.

"El proceso ha sido tedioso, trágico, ha sido mucho sufrimiento al que he estado sometida todo este tiempo y mi familia también, mis padres y hermanas, mis proyectos iniciales de vida fueron truncados", afirmó Loaiza.

Tras recuperar su libertad, López estudió derecho, se especializó en derechos humanos internacionales, y se ha dedicado al activismo en defensa de mujeres víctimas de violencia.

"Soy reflejo de la violencia física, sexual y psicológica que enfrentamos las mujeres, El Estado garantizó la impunidad, no mis derechos", declaró López a la CIDH.

Fuente: AFP y EFE

Relatos crudos de femicidios en Argentina

Verónica Di Bernardi tenía 17 años cuando conoció a Matías Castillo, de 19. Al poco tiempo empezaron a pololear, pero cuando llevaban seis meses la joven quiso terminar con la relación. 

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“Ella le decía a los amigos que lo amaba, pero que no le gustaba más la relación, ni se bancaba la manera de ser del pibe. El temor de ella era que se suicidara. Jamás se le ocurrió que ‘una locura’ pudiera ser esa, la que finalmente fue”, dice Gabriel Di Bernardi, padre de Verónica, quien falleció luego que su pololo le diera 13 puñaladas en el cuerpo.

Ese es uno de los casos que relata el libro “Mujeres en peligro”, cuyo contenido aborda 16 historias de femicidios y violencia de género de los últimos años en Argentina. Rolando Barbano, periodista de la sección policial de Clarín, accedió a las carpetas judiciales y entrevistó a familiares y cercanos de las víctimas.

Su idea era mostrar el drama particular de distintas mujeres, que es el drama colectivo de miles, y así profundizar en aquellos femicidios que surgen como una noticia para luego pasar a ser solamente un número, en términos mediáticos.

“Uno de los problemas de la violencia de género es la naturalización de pequeños maltratos que luego derivan en otros más graves, por lo cual me tomé particular trabajo por describir cómo empezó todo, cuál fue el punto de partida, cómo fue la escalera hacia el desenlace fatal”, dice Barbano a El Dínamo.

Verónica estaba decidida a terminar con Matías. El 30 de junio de 2015, cerca de las 18:00 horas, fue a verlo a su casa. Ahí estaba la mamá de su pareja, quien al poco rato escuchó gritos de discusión que venían desde la pieza de su hijo. Verónica salió apurada, le pidió que le abriera la puerta. Estaba agitada, quería salir luego de ahí, quería escapar. Pero no pudo. Matías la alcanzó antes que cruzara la puerta, tenía un cuchillo en la mano y rápidamente se lo clavó repetidas veces.

“Mujeres en peligro”: 16 relatos crudos de femicidios en Argentina

Completamente ensangrentada, pero aún viva, la mujer salió a la calle a pedir ayuda. Una patrulla policial que andaba por el sector llegó cuando Verónica Di Bernardi alcanzó a decir “¡Fue él!”. Luego, a las 19:30 horas la joven falleció en el hospital de San Martín.

En paralelo, el femicida se encontraba en ese mismo hospital. Según describieron los médicos “se encontraba compensado, tranquilo, sin mostrar angustia, caminando por sus propios medios, aparentando hallarse sin lesiones vitales visibles”. Un testigo escuchó cuando explicó a otro, en simples palabras, lo que pasó: “Me quise suicidar… porque mi novia me quiso dejar, la maté y me corté las venas”. Castillo nunca se refirió en público sobre la tarde en que asesinó a su pareja. No lo hizo ni en la comisaría ni durante el juicio al que fue sometido en 2017.

La familia de Verónica esperaba que Matías fuera condenado por femicidio y que le dieran una pena de prisión perpetua. Sin embargo, a lo largo del proceso la defensa presentó pruebas que de a poco iban perfilando al victimario como víctima. “Yo lo miré a los ojos y ese no era mi hijo, no era Matías”, fue el testimonio de la madre. Finalmente la justicia lo condenó a 15 años de cárcel por delito de homicidio calificado por relación de pareja con circunstancias extraordinarias de atenuación.

Hasta noviembre de 2017 se registraron 254 femicidios en Argentina. En ese mismo país nació Ni Una Menos, movimiento internacional en contra de la violencia hacia las mujeres. Y pese a que los casos se han visibilizado más, llegando a tener vitrina en otros países, las cifras aumentan y detrás de cada número existe una historia similar a la de Verónica Di Bernardi.

“Hay un nivel de machismo enquistado en nuestro pueblo que no sólo no disminuye sino que no se resigna a ceder espacios que ahora la mujer la disputa: la reacción de algunos es, ante la negativa de las mujeres a seguir aceptando abusos, permitirse más violencia”, reflexiona Barbano.